21 agosto 2009

Un anuncio doloroso

Días atrás se le comunicó a un paciente que sus exámenes habían arrojado que tenía una enfermedad sin cura aún. En la sala de espera, nerviosamente su pareja ocultaba, tras lentes oscuros, la incertidumbre del motivo de la citación. El paciente, queda petrificado sin atinar por un par de segundos qué decir. Luego reacciona e indica si la información es segura: “está confirmado” es la respuesta que recibe de su interlocutor. Sólo falta corroborar la identidad de él, para lo cual habrá que tomar una nueva muestra para procesarla, en un lapso de 2 horas. El llanto aflora abundantemente, las dos manos al rostro en señal de desazón abismante, la tristeza allana en su vida.

“¿Cómo puede ser que yo tenga esta enfermedad?” es la pregunta que brota de su mar de dudas. “Es necesario que su pareja lo sepa y esté al tanto de lo que viene” es la recomendación casi tácita que se le hace saber. Tras la obtención de la muestra, quedan 2 horas de eterna espera. El paciente le comunica a su pareja la mala nueva, y la reacción es casi automática: “¿¡¡¡Por qué!!!? Una bofetada cargada de odio se hace acreedor el rostro del ya destrozado paciente. Un rosario de epítetos y amenazas varias emergen como descarga potente de la ahora involucrada pareja. Ahora ella está presa del miedo, de la tristeza, de los nervios, del “¿por qué a mí?”. Es evidente que a ella le cuesta digerir que ella también puede tener lo que a él le han anunciado. Dos horas. El segundero avanza más lento que nunca, y el ambiente se corta con un cuchillo. El drama se ha apoderado del lugar. Dos horas que seguramente habrán pasado muchas imágenes, de que una decisión pudo haber cambiado el destino de ese momento.

Tras las dos horas, se les informa que el examen se confirma, por lo cual el paciente debe ponerse en contacto para poder recibir asistencia y tratamiento, y ella, bueno, ella también debe ser sometida a exámenes para confirmar o descartar que tenga la enfermedad. “Es importante que lo más pronto posible se contacten para iniciar los trámites” se les advierte. El llanto de ella va y viene como tumbos de olas marinas. Él se mantiene ahora sereno, tal vez tratando de digerir el factor que condicionará su vida. Ella formula un par de preguntas, él bebe un trago de agua, recibe sus documentos, y se retiran del lugar, ahora distanciados, caminando hacia una nueva vida que inician…